• Shannon Brown

¡Bendito sea Dios! (Dan 2:20-21)

Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos, porque la sabiduría y el poder son de Él. 21Él es quien cambia los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da sabiduría a los sabios, y conocimiento a los entendidos.–Daniel 2:20-21

He aquí un cántico de alabanza por las misericordias de Dios. Quien exalta es Daniel, que era poseedor de una gracia excepcional de parte del Señor, pero quien no fue librado del temor humano al saber a qué riesgos se exponía (v17). Aun así, prefiere confiar en el Dios fiel el ha-ne’eman, y no fue en vano. Y es que el Dios de Daniel nunca esperaría que no temiera, sino que dijera como David: en el día que temo, yo en ti confío. Daniel no se auto-exaltó, más bien podía contar con el Dios que es supremo sobre todo.

Y esta historia ha sido registrada para que tú y yo fuéramos edificados. Miremos: Los sabios no pudieron descifrar el sueño de Nabucodonosor (v10). Todos los consejeros (1:20) serían muertos por esta causa (v13). Daniel asegura que Dios le mostraría la respuesta (v16). Pide a sus compañeros que oren (v17), y apela a las misericordias de Dios para que ellos sean librados de la muerte (v18). Finalmente, Dios concede su petición y Daniel bendice a Dios (v19).

La conclusión de Daniel ha de ser nuestra conclusión (v21): “las variables de toda ecuación están en manos de mi Dios: acontecimientos, personas y capacidades.”

  1. ¿Quién determina la muerte (acontecimientos) de Daniel y los suyos?

  2. ¿Quién permite que Nabucodonosor (personas) ejecute la sentencia?

  3. ¿Quién revelaba los misterios (capacidades) a Daniel?

La respuesta es DIOS. Y si Él es por nosotros ¿quién contra nosotros? ¿Ves que puedes llegar a la misma conclusión que Daniel?

Hijo de Dios, tu vida está llena de experiencias como ésta. Es probable que no te revele sueños, que no salve tu vida del edicto de un gran rey; pero, si reconoces que de Él son el poder y la sabiduría, y que Él es quien determina cada cosa, y que puedes pedirle a Su pueblo que clame contigo; entonces podrás ver claramente que Él te guía por sendas de justicia. Es tu decisión el vivir temiendo los horrores que te sobrevienen cada día de tu existencia, o vivir bendiciendo al Dios que te hace bien en cada oportunidad.

  1. ¿Temes considerando que algún mal se acerca? Recuerda que sólo “Él muda los tiempos y las edades.”

  2. ¿Te abruma el que tu bienestar dependa de alguien? Medita en que sólo Él “quita reyes, y pone reyes.”

  3. ¿Te desalientas porque los sabios de este mundo no tienen solución para ti, o tú mismo no sabes qué hacer? Descansa en que Él “da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.”

Así que grita a todos: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos… Ora para que Él te permita honrarle siempre, no importa lo que esté en juego ni cuán lejos veas la solución. Daniel no fue más privilegiado que tú; decidió confiar en Su Dios.

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